domingo, 27 de enero de 2013

LXII

¿Qué tienen en común
el humo de tabaco
elevándose en el aire,
unas notas de piano
sonando de fondo,
dos vasos con apenas
un poco de whisky
para dejarnos llevar,
una cama con sábanas
arrugadas por los embates
de un mar enfadado,
la luz tenue
en un paisaje de sombras
y dos cuerpos
fundidos en un gemido
sordo y sudoroso?
¡Ah! ya lo recuerdo
fue el cruce
de nuestras miradas.

A. Carmona

LXI

Esa vieja historia
de corazones rotos
y almas que se unen,
de noches regadas de vino
y canciones tristes,
de tu olor perenne
en mis sábanas,
del olvido figurado
y el sollozo recuerdo
disimulado...

Esa vieja historia de amor
que se convierte en odio,
ese odio que te marca el alma,
anhelo de tu piel
convertida en amargura
y aquellos besos
que ahora me sabrían a hiel,
ha pasado mucho tiempo
y me diluí cual estatua de sal,
ya sólo que da de mi
un corazón yerto y solitario
que aulla como un lobo
tu ausencia en mis noches.

A. Carmona

miércoles, 19 de diciembre de 2012

LX

Debes preguntarte a ti mismo
¿Quién eres?¿Qué eres?
¿Qué serías capaz de hacer?

Debes cuestionarte, ponerte a prueba
fracasar y asumirlo,
tener éxito y obviarlo;
Debes ser el más humilde
en la grandeza de tu orgullo,
el lucero más brillante
entre la oscuridad;
Debes de estar presto
para el día en el que el destino
juzgue si ha llegado el momento
para dejar de ser mortal
y convertirte en leyenda.

A. Carmona

martes, 4 de diciembre de 2012

LIX

Se me escapa el alma entre suspiros
velados de oscura soledad,
amalgama de noches salpicadas
 de susurros del viento y recuerdos
que impregnan mis sueños
intentando, en ellos, asir tu figura a mi
mas al tocarte, te desvaneces
quedando de nuevo triste y solo,
gélido en mi pasión
esperando la salida del sol,
y encubrir mi aflicción
mientras la luna rueda su camino
y una vez más otra noche,
en mi eterna condena
venga tu espectro a visitarme.

A. Carmona

lunes, 8 de octubre de 2012

LVIII

Detrás de cada palabra
se esconde el alma de las letras,
que una a una conforman
mi mundo, mi universo intocable
de sentimientos contradictorios,
que pudieran parecer
tan vaporosos como la niebla,
frágiles y delicados como el cristal;
algo débil en apariencia
que me empuja como un torrente
a vivir en contra de toda lógica
y en contra de la vida misma incluso;
en medio de ese caos, de esa fuerza
tan extraña y descomunal,
surjo yo, sin máscaras,
sin moral ni ética, sin ideología,
sin un credo religioso
y sin ninguna atadura;
resulta que toda
la complejidad de mi ser,
al final
está encerrada
en un solo verso...
dedicado a ti.


A. Carmona

domingo, 9 de septiembre de 2012

LVII

He caído, he sido derrotado,
no conozco ni la gloria ni el honor
pues no luché, no alcé mi espada
contra mi adversario (la vida), tan sólo
sostuve mi escudo, aguantando
hasta quedarme sin aliento,
es mi culpa lo sé, pues no soy
un guerrero y apenas soy alguien ya;
Aléjate de mi, que nada bueno
puedo traerte, mi fama me precede
en esta tierra hija de Caín,
y nadie dejará nunca de recordarme
que vino el peligro (en mi busca)
y salí huyendo, que mi destino
se reveló (ante mi) y no lo acepté,
que pude hacer algo y preferí
no moverme, que me amabas
y te hice daño y me aparte de ti,
que aun teniendo alma no poseo
corazón, y que estando vivo
es ya como si hubiese muerto.

A. Carmona

sábado, 18 de agosto de 2012

LVI

Te has equivocado una y otra vez,
has perdido todas las oportunidades
que se te ofrecieron, te has sentido
sólo desde el principio, abandonado,
sintiendo miedo en lugar de felicidad,
sin entender ni tu propia existencia.

Te han herido, te han quebrado,
te han humillado, han destruido
tus sueños, has bajado los brazos,
hincado las rodillas en el barro
bajo la lluvia, has llorado
amargamente; y sin embargo
aun sigues aquí entre las sombras
de pie, te preguntas como es posible.

Te has hecho fuerte en tu debilidad,
tu fuerza de voluntad ha blindado
tu alma, la esperanza hace latir
tu corazón y las cicatrices son
las medallas de tu cuerpo;
sal de entre las sombras, levanta
tu mirada, alza tu cabeza hacia el sol
y ofrécele bien altas tus manos,
grita... RENACE.


A. Carmona